martes, 28 de abril de 2009

INTENCIÓN MISIONERA


“Para que las Iglesias católicas de reciente fundación, agradecidas al Señor por el don de la fe, estén dispuestas a participar en la misión universal de la iglesia ofreciendo su disponibilidad a predicar el Evangelio en todo el mundo” Comentario a la intención misionera indicada por el Santo Padre para el mes de mayo 2009

Ciudad del vaticano (Agencia Fides) - El Señor Jesús envió a los Apóstoles a predicar el evangelio al mundo entero. Como fruto de la vitalidad de su Palabra y de la potencia de su gracia, el Reino se ha ido extendiendo poco a poco por todo el mundo. El Dios Trinitario ha comenzado a vivir en los corazones de muchos hijos suyos que habitaban en tierras donde nunca se había oído hablar del único Salvador del mundo: Jesucristo.
Gracias al trabajo que muchos misioneros han realizado entregando generosamente su vida, la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, ha ido creciendo y haciéndose presente en muchos lugares del planeta, buscando con celo materno a los hijos que habitaban los cuatro confines de la tierra. Como fruto de esta presencia, se han ido estableciendo nuevas diócesis, jóvenes Iglesias, en cuya vida esta presente el misterio de la Iglesia universal.
El Papa invita a estas jóvenes Iglesias a mostrarse agradecidas por el don de la fe. Ciertamente la fe, es el don más grande que Dios nos hace. Ésta no es solamente la aceptación de un conjunto de verdades intelectuales o de un sistema ético. La fe hace posible entrar en comunión de vida con Dios, vivir su vida divina. S. Juan nos asegura que “creyendo, tendremos vida en su nombre” (cfr. Jn 20, 31). Esta comunión de vida que brota de la fe, se fundamenta en el amor. Creer es conocer el amor personal que Dios tiene por mí. De ahí que la verdadera fe, como amor verdadero que es, no puede quedarse en silencio. El amor, como el bien, es diffusivum sui, exige ser comunicado por su propio ser. Esto fundamenta que una Iglesia que vive la alegría de su fe, una Iglesia joven con la frescura del amor por Jesucristo, necesite ser también misionera, extendiendo a otros el Dios-amor que ha conocido. Hablando de S. Pablo, decía Benedicto XVI: “En el camino de Damasco había experimentado y comprendido que la redención y la misión son obra de Dios y de su amor. El amor a Cristo lo impulsó a recorrer los caminos del Imperio romano como heraldo, apóstol, pregonero y maestro del Evangelio” (Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2008).
El Decreto Ad gentes dice en el número 20, hablando de las Iglesias de reciente fundación: “Para que este celo misional florezca entre los nativos del lugar es muy conveniente que las Iglesias jóvenes participen cuanto antes activamente en la misión universal de la Iglesia, enviando también ellos misioneros que anuncien el Evangelio por toda la tierra, aunque sufran escasez de clero. Porque la comunión con la Iglesia universal se completará de alguna forma cuando también ellas participen activamente del esfuerzo misional para con otros pueblos”.
Todos debemos recordar la parábola de la viuda que echó sólo dos pequeñas monedas en el cepillo del Templo. Ella, nos asegura el Señor, “ha echado más que todos” (cfr. Mc 12, 43). De ahí que sea necesario cultivar un generoso espíritu misionero. Cada Iglesia es responsable del crecimiento de toda la Iglesia universal.
Es cierto que las Iglesias de vieja raigambre en la fe, han contribuido a la extensión del Evangelio con mucha generosidad en el pasado. Quizá sea necesario hoy, sacudirse la comodidad, los complejos y los miedos ante una sociedad secularizada, y renovar también el espíritu evangelizador.
Demos gracias a Dios por la vitalidad y generosa floración de vocaciones en las Iglesias jóvenes. Ellas constituyen un testimonio de la eterna juventud de Dios y de la fuerza del Espíritu Santo.
Pidamos a María, en este mes a ella dedicado, que nos acompañe en la oración. Recogidos con Ella en el cenáculo a la espera de un nuevo Pentecostés en el amor, oremos para que la Iglesia de Cristo, de la que Ella es imagen consumada como Madre-Virgen, siga engendrando hijos “en el Hijo” por la fe y el bautismo. (Agencia Fides 28/4/2009)

lunes, 27 de abril de 2009

VATICANO - SIETE CARDENAL ENVIADOS ESPECIALES DEL SANTO PADRE A LAS CELEBRACIONES CONCLUSIVAS DEL AÑO DEDICADO A SAN PABLO EN LOS LUGARES PAULINOS

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Con ocasión de la clausura del año dedicado al apóstol San Pablo, que se tendrá de forma contemporánea el 29 de junio de 2009 en los diversos "lugares paulinos", el Santo Padre Benedicto XVI ha nombrado siete Cardenales en calidad de Enviados Especiales a las correspondientes celebraciones. A Tierra santa el Card. Walter Kasper, Presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la unidad de los Cristianos; a Malta el Card. Ennio Antonelli, Presidente del Consejo Pontificio por la Familia; a Chipre el Card. Renato R. Martino, Presidente del Consejo Pontificio Justicia y la Paz; a Turquía el Card. Jean-Louis Tauran, Presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso; a Grecia el Card. Jozef Tomko, Prefecto emérito de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos; a Siria el Card. Antonio Mª. Rouco Varela, Arzobispo de Madrid; a Líbano el Card. André Vingt-Trois, Arzobispo de París. (S.L) (Agencia Fides 27/4/2009)

sábado, 25 de abril de 2009

SAN PABLO


Simposio sobre San Pablo en la Universidad Católica de África oriental

Eldoret (Agencia Fides) - La sede de Kenya de la Universidad Católica de África oriental (CUEA) ha organizado un Simposio sobre San Pablo para celebrar el Año Paulino instituido por Benedicto XVI. El Simposio se realizará el lunes 27 de abril en el campus universitario de Eldoret. Según las informaciones difundidas por la Agencia CISA, tomarán la palabra S.E. Mons. Cornelius Korir, Obispo de Eldoret; el Rev. Prof. C. Majawa, Decano de la facultad de Teología de la CUEA, que hablará sobre “San Pablo modelo de reconciliación y de resolución de los conflictos”; el Rev. p. Faustine Kamugisha ilustrará el tema “San Pablo y el ministerio pastoral de la Iglesia en los tiempos modernos”; el Rev. Dr. Fredrick Nvumbi, responsable de los Estudios Religiosos en la CUEA, se detendrá sobre “San Pablo, prototipo del Diálogo interreligioso”; el Rev. Dr. Pius Rutechura, Secretario general del AMECEA se centrará finalmente sobre “La familia como cuna de la Iglesia en las Cartas de San Pablo”. (S.L.) (Agencia Fides 23/4/2009; líneas 12, palabras 179)

jueves, 16 de abril de 2009

JESÚS HA RESUCITADO ¡¡ALELUYA!!


Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - "También este año, resuena en Pascua inmutable y siempre nueva, en todos los rincones de la tierra, esta buena noticia: Jesús muerto en la cruz ha resucitado, vive glorioso porque ha derrotado el poder de la muerte, ha llevado al hombre a una nueva comunión de vida con Dios y en Dios. Ésta es la victoria de la Pascua, nuestra salvación”. Lo ha subrayado el Santo Padre Benedicto XVI en la catequesis durante la audiencia general del miércoles 15 de abril, realizada en la plaza de San Pedro, que ha dedicado al significado de la resurrección de Cristo.
Después de haber puesto en evidencia el "gozo espiritual", la alegría "que emana de la certeza que Cristo, con su muerte y resurrección, ha triunfado definitivamente sobre el mal y sobre la muerte", el Papa ha afirmado que "el misterio de la Pascua abraza todo el arco de nuestra existencia", y ha subrayado que "en este tiempo litúrgico son muchas las referencias bíblicas y los estímulos a la meditación que se nos ofrecen para profundizar en el sentido y el valor de la Pascua”.
Benedicto XVI ha definido a continuación "fundamental para nuestra fe y para nuestro testimonio cristiano proclamar la resurrección de Jesús de Nazaret como un evento real, histórico, certificado por muchos y acreditados testigos" después ha proseguido: “lo afirmamos con fuerza porque, también en estos tiempos, no falta quien trata de negar su historicidad reduciendo la narración evangélica a un mito, a una 'visión' de los Apóstoles, retomando y presentando viejas y ya consumadas teorías como nuevas y científicas. Ciertamente la resurrección no fue para Jesús un simple retorno a la vida anterior… La resurrección se sitúa en otra dimensión: es el paso a una dimensión de vida intensamente nueva, que nos interesa también a nosotros, que implica toda la familia humana, la historia y el universo… La resurrección de Jesús funda nuestra firme esperanza e ilumina toda nuestra peregrinación terrena, incluido el enigma humano del dolor y la muerte. La fe en Cristo crucificado y resucitado es el corazón de todo el mensaje evangélico, el núcleo central de nuestro 'Credo'.
A este punto el Santo Padre ha citado un pasaje de la Primera Carta a los Corintios (15,3-8) en la que el apóstol Pablo transmite fielmente lo que él recibió de la primera comunidad apostólica sobre la muerte y resurrección del Señor. "San Pablo presenta ante todo la muerte de Jesús y pone, en un texto tan breve, dos añadidos a la noticia de que 'Cristo murió'. El primer añadido es: murió 'por nuestros pecados'; el segunda es: 'según las Escrituras'. Esta expresión 'según las Escrituras' pone el acontecimiento de la muerte del Señor en relación con la historia de la alianza veterotestamentaria de Dios con su pueblo, y nos hace comprender que la muerte del Hijo de Dios pertenece al tejido de la historia de la salvación, es más, nos ayuda a entender que tal historia recibe de esta su lógica y su verdadero sentido… Como y porque sucedió esto se comprende lo de la otra añadidura que san Pablo hace: Cristo murió 'por nuestros pecados'. Con estas palabras el texto paulino parece retomar la profecía de Isaías contenida en el Cuarto Canto del Siervo de Dios (cfr Is 53,12). El Siervo de Dios - así dice el Canto – ‘se despojó a si mismo hasta la muerte', ha llevado 'el pecado de muchos', e intercediendo por los 'culpables' ha podido obtener el don de la reconciliación de los hombres entre ellos y de los hombres con Dios: la suya es pues una muerte que pone fin a la muerte; la vía de la Cruz lleva a la Resurrección. En los versículos que siguen, el apóstol se detiene luego en la resurrección del Señor… No pocos exegetas entreven en la expresión: ‘resucitó al tercer día según las Escrituras’ una significativa llamada de lo que leemos en el Salmo 16, dónde el Salmista proclama: No abandonarás mi vida en los infiernos ni dejarás que tu fiel vea la corrupción', (v.10). Es este uno de los textos del antiguo Testamento, citados con frecuencia en el cristianismo primitivo, para probar el carácter mesiánico de Jesús. Ya que según la interpretación judía la corrupción empezó después del tercer día, la palabra de la Escritura se cumple en Jesús que resucita al tercer día, primera es decir, antes de que empiece la corrupción. San Pablo, transmitiendo fielmente la enseñanza de los Apóstoles, subraya que la victoria de Cristo sobre la muerte se produce por la potencia creadora de la Palabra de Dios. Esta potencia divina trae esperanza y alegría: es este, en definitiva el contenido liberador de la revelación pascual. En la Pascua, Dios se revela a si mismo y la potencia del amor trinitario que destruye las fuerzas destructoras del mal y la muerte".
El Pontífice ha concluido su catequesis exhortando a los presentes a dejarse iluminar "por el resplandor del Señor resucitado. Acojámoslo con fe y adhirámonos generosamente a su Evangelio, como hicieron los testigos privilegiados de su resurrección; como hizo, muchos años después, san Pablo que encontró al divino Maestro de modo extraordinario en el camino de Damasco. No podemos quedarnos para nosotros el anuncio de esta Verdad que cambia de la vida de todos… la Virgen Maria nos ayude a cultivarnos en nosotros, y a nuestro alrededor este clima de alegría pascual, para ser testigos del amor divino en todas las situaciones de nuestra existencia". (S.L) (Agencia Fides 16/4/2009)

martes, 10 de febrero de 2009

MENSAJE DE BENEDICTO XVI SOBRE LA CUARESMA


VATICANO - En el Mensaje para la Cuaresma el Papa recuerda que el ayuno "para los creyentes es, en primer lugar, una “terapia” para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios”
Ciudad del Vaticano: En su Mensaje para la Cuaresma 2009, titulado "Jesús, después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre" (Mt 4,2), el Santo Padre Benedicto XVI se detiene en el valor y el sentido del ayuno. "La Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de ayuno que el Señor vivió en el desierto antes de emprender su misión pública" escribe al Papa. “Podemos preguntarnos qué valor y qué sentido tiene para nosotros, los cristianos, privarnos de algo que en sí mismo sería bueno y útil para nuestro sustento”.El Santo Padre, citando diversos pasajes del Antiguo Testamento, comenzando por el libro del Génesis, pone en evidencia el hecho de que "puesto que el pecado y sus consecuencias nos oprimen a todos, el ayuno se nos ofrece como un medio para recuperar la amistad con el Señor". En el Nuevo Testamento, Jesús explica diversas veces la razón profunda del ayuno, "estigmatizando la actitud de los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones que imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios": "el verdadero ayuno… consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que “ve en lo secreto y te recompensará” (Mt 6,18). Él mismo nos da ejemplo al responder a Satanás, al término de los 40 días pasados en el desierto, que “no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). El verdadero ayuno, por consiguiente, tiene como finalidad comer el “alimento verdadero”, que es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34).,… con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia". La práctica del ayuno estuvo muy presente en la primera comunidad cristiana, y también los Padres de la Iglesia hablan "de la fuerza del ayuno, capaz de frenar el pecado, reprimir los deseos del “viejo Adán” y abrir en el corazón del creyente el camino hacia Dios. La práctica del ayuno está muy presente en la primera comunidad cristiana”.“En nuestros días, parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo" destaca el Papa, subrayando que "ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una “terapia” para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios". Benedicto XVI invita a continuación a retomar la Constitución Apostólica Pænitemini del Siervo de Dios Pablo VI, para valorizar "el significado auténtico y perenne de esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo”.Además la práctica del ayuno contribuye "a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor… Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios. Al mismo tiempo, el ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos… Al escoger libremente privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño”.El Santo Padre invita después a las parroquias y todas las comunidades "a intensificar durante la Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna. Este fue, desde el principio, el estilo de la comunidad cristiana, en la que se hacían colectas especiales y se invitaba a los fieles a dar a los pobres lo que, gracias al ayuno, se había recogido”.El Mensaje concluye subrayando que "el ayuno representa una práctica ascética importante, un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos", y " tiene como último fin ayudarnos a cada uno de nosotros, como escribía el Siervo de Dios el Papa Juan Pablo II, a hacer don total de uno mismo a Dios. Por lo tanto, que en cada familia y comunidad cristiana se valore la Cuaresma para alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo. Pienso, especialmente, en un mayor empeño en la oración, en la lectio divina, en el Sacramento de la Reconciliación y en la activa participación en la Eucaristía, sobre todo en la Santa Misa dominical". Benedicto XVI invoca la intercesión de la Beata Virgen María, Causa nostrae laetitiae, para que nos acompañe en el camino cuaresmal "y nos sustente en el esfuerzo de liberar nuestro corazón de la esclavitud del pecado para que se convierta cada vez más en “tabernáculo viviente de Dios”. (S.L) (Agencia Fides 26/2/2009)

martes, 27 de enero de 2009

PALABRAS DS BENEDICTO XVI EN LA BASÍLICA DE SAN PABLO EXTRAMUROS


Ciudad del Vaticano. “La conversión de san Pablo nos ofrece el modelo y nos indica el camino para ir hacia la unidad plena. La unidad de hecho requiere una conversión: de la división a la comunión, de la unidad herida a la unidad curada y plena. Esta conversión es un don de Cristo resucitado, como sucedió con san Pablo”. Son las palabras pronunciadas por el Santo Padre Benedicto XVI en la Basílica de San Pablo Extramuros, donde presidió en la tarde del domingo 25 de enero la Celebración de las segundas Vísperas en la solemnidad de la Conversión de San Pablo Apóstol, con las que se concluyó la Semana de la Oración por la Unidad de los Cristianos.
“La conversión implica dos dimensiones – explicó el Santo Padre en la homilía –. En el primer paso se conocen y se reconocen a la luz de Cristo las culpas, y este reconocimiento se convierte en dolor y arrepentimiento, deseo de un nuevo comienzo. En el segundo paso se reconoce que este nuevo camino no puede venir de nosotros mismos. Consiste en dejarse conquistar por Cristo... La conversión exige nuestro sí, mi ‘correr’ no es en última instancia una actividad mía, sino un don, un dejarse formar por Cristo; es muerte y resurrección... Y solo en esta renuncia a nosotros mismos, en esta conformidad con Cristo estamos unidos también entre nosotros, nos convertimos en ‘uno’ en Cristo. Es la comunión con Cristo la que nos da la unidad”.
Comentando el tema escogido para la Semana de Oración de este año – “Estarán unidas en tu mano” (Ez 37, 17) – el Pontífice señalo que en este texto bíblico del profeta Ezequiel “se presenta el gesto simbólico de los dos palos unidos en la mano del profeta, que con este gesto representa la futura acción de Dios”. La primera parte del capítulo 37 contiene la célebre visión de los huesos secos y de la resurrección de Israel, realizada por el Espíritu de Dios. “De ahí deriva un esquema teológico análogo al de la conversión de san Pablo: en primer lugar está el poder de Dios, que con su Espíritu opera la resurrección como una nueva creación. Este Dios, que es el Creador y es capaz de resucitar a los muertos, es también capaz de reconducir a la unidad el pueblo dividido en dos. Pablo – como y más que Ezequiel – se convierte en instrumento elegido de la predicación de la unidad conquistada por Jesús mediante la cruz y la resurrección: la unidad entre los judíos y los paganos, para formar un solo pueblo nuevo. La resurrección de Cristo extiende el perímetro de la unidad: no sólo unidad de las tribus de Israel, sino unidad entre hebreos y paganos; unificación de la humanidad dispersa por el pecado y aún más unidad de todos los creyentes en Cristo”.
La elección de este pasaje del profeta Ezequiel como tema de la Semana de oración 2009 se la debemos a los hermanos de Corea, los cuales “en la división del pueblo hebreo en dos reinos se han visto reflejados como hijos de una única tierra, que las circunstancias políticas han separado, parte al norte y parte al sur. Y esta experiencia humana suya les ha ayudado a comprender mejor el drama de la división entre los cristianos”. El Papa afirmó a continuación: “Dios promete a su pueblo una nueva unidad, que debe ser signo e instrumento de reconciliación y de paz también en el plano histórico, para todas las naciones. La unidad que Dios da a su Iglesia, y por la cual rezamos, es naturalmente la comunión en sentido espiritual, en la fe y en la caridad; pero nosotros sabemos que esta unidad en Cristo es fermento de fraternidad también en el plano social, en las relaciones entre las naciones y para toda la familia humana”.
La oración de estos días, continuó el Papa, se ha hecho también intercesión para las diversas situaciones de conflicto que actualmente afligen a la humanidad: “la fuerza profética de la Palabra de Dios no disminuye y nos repite que la paz es posible, y que nosotros debemos ser instrumentos de reconciliación y de paz. Por eso nuestra oración por la unidad y por la paz pide siempre ser comprobada con gestos de reconciliación entre nosotros los cristianos. Pienso también en Tierra Santa: qué importante es que los fieles que viven allí, como también los peregrinos que allí acuden, ofrezcan a todos el testimonio de que la diversidad de los ritos y de las tradiciones no debería constituir un obstáculo al mutuo respeto y a la caridad fraterna. En la legítima diversidad de las distintas tradiciones debemos buscar la unidad de la fe, en nuestro ‘sí’ fundamental a Cristo y a su única Iglesia. Y así las diferencias no serán un obstáculo que nos separe, sino riqueza en la multiplicidad de las expresiones de la fe común”.
En la conclusión de la homilía el Santo Padre recordó que el 25 de enero de 1959, hace cincuenta años, el beato Papa Juan XXIII manifestó por primera vez, en la Sala Capitular del Monasterio de San Pablo, después de haber celebrado la Misa Solemne en la Basílica, su voluntad de convocar “un Concilio ecuménico para la Iglesia universal”. “De aquella providencial decisión – afirmó el Pontífice –, sugerida a mi venerado predecesor, según su firme convicción, por el Espíritu Santo, derivó también una contribución fundamental al ecumenismo... Los frutos de los diálogos teológicos, con sus convergencias y con la identificación más precisa de las divergencias que aún permanecen, empujan a proseguir valientemente en dos direcciones: en la recepción de cuanto ha sido alcanzado positivamente y un compromiso renovado hacia el futuro”. (S.L.) (Agencia Fides 26/1/2009; líneas 62, palabras 986)

sábado, 20 de diciembre de 2008

"SACERDOTES LEGIONARIOS DE CRISTO"


EUROPA/ITALIA - Hoy 20 de diciembre en la Basílica de San Pablo, 49 diáconos de la Congregación de los Legionarios de Cristo serán ordenados sacerdotes; provienen de 13 naciones de América y de Europa
Roma (Agencia Fides) – El sábado 20 de diciembre a las 9.30 en la Basílica de San Pablo Extramuros, 49 diáconos de la Congregación de los Legionarios de Cristo serán ordenados sacerdotes por el Card. Angelo Sodano, Decano del Colegio Cardenalicio. Se renueva así una bella tradición que está en el corazón de todos los Legionarios: las ordenaciones a pocos días de la Navidad. En este modo se quiere ofrecer a la Iglesia un simbólico regalo: algunos nuevos sacerdotes, listos para servir al Santo Padre con espíritu de humildad y total adhesión. En el mismo momento, los neo sacerdotes recibirán de la Iglesia un regalo que iluminará por siempre su vida: la configuración sacramental con Cristo.
Treintaicuatro de los futuros sacerdotes fueron ordenados diáconos el 29 de junio del 2008, primer día del Año Paulino. San Pablo ha sido también invocado por los Legionarios de Cristo como protector especial de la congregación. Los candidatos al sacerdocio tienen una edad entre los 29 y los 37 años. Han pasado entre 10 y 14 años de estudio, de apostolado y de misión, desde el día de su ingreso a uno de los noviciados de la Legión de Cristo. Provienen de trece países: México (23), España (6), Estados Unidos (4), Alemania (3), Brasil (3), Argentina (1), Colombia (2), Italia (2), Canadá (1), Chile (1), Francia (1), Irlanda (1), Venezuela (1). A ellos se agregan otros cuatro Legionarios de Cristo que fueron ordenados precedentemente.
En las historias personales de los nuevos sacerdotes se pueden encontrar experiencias de todo tipo. Benjamín, mexicano, era un experto de baile tradicional en su país. Nicola, italiano, cultivaba una gran pasión por la música y a los 18 años tocaba la guitarra en grupo de rock. Héctor, mexicano, a los 17 años participó como actor en la obra “La leyenda de los cinco soles” con más de cincuenta presentación en París.
Hoy la Congregación de los Legionarios de Cristo está presente en 20 países con unos 800 sacerdotes y más de 2500 seminaristas. Tiene 125 casas religiosas y centros de formación. Dirige más de 200 centros educativos y más de 600 centros dedicados a la formación y al compromiso apostólico de laicos. (S.L.) (Agencia Fides 18/12/2008; 29 líneas, 396 palabras)